Cuadernos Ciberespacio y Sociedad Nº 1
Enero 1999

http://cys.derecho.org/01/tecnorrealismo.html

consultado marzo 18 de 2000

Tecnorrealismo

Introducción


Traducción: Javier Villate

En esta vertiginosa era de veloces cambios tecnológicos, todos luchamos por mantenernos a flote. Los desarrollos que tienen lugar cada día en las comunicaciones y la informática pueden ser estremecedores y desorientadores. Una reacción comprensible se preguntaría: ¿Son estos cambios buenos o malos? ¿Debemos darles la bienvenida o temerlos?

La respuesta es: las dos cosas. La tecnología está haciendo nuestra vida más cómoda y gozosa, y muchos de nosotros somos más ricos, más sanos y más sabios. Pero también está afectando a nuestro trabajo, la familia y la economía en formas impredecibles, introduciendo nuevos tipos de tensiones y confusiones, y creando nuevas amenazas para la cohesión de nuestras comunidades físicas.

A pesar de las complicadas y, a menudo, contradictorias implicaciones de la tecnología, la sabiduría convencional es lamentablemente simplista. Ideólogos, políticos y visionarios nos prestan un mal servicio cuando intentan reducir estas complejidades a cuentos sin vida de un destino de gélidas ciber-tecnologías o de ciber-gozo. Estas representaciones tan polarizadas nos llevan a esperanzas que defraudan y a una innecesaria ansiedad, e impiden que comprendamos nuestra propia cultura.

En los años recientes, cuando el debate sobre la tecnología ha estado dominado por voces representativas de esos extremos, un nuevo y más equilibrado consenso se ha ido abriendo paso silenciosamente. Este documento intenta articular algunas de las creencias compartidas que existen tras ese consenso y que hemos denominado tecnorrealismo.

El tecnorrealismo propone que pensemos críticamente en el rol que las herramientas y las interfaces juegan en la evolución humana y en la vida cotidiana. Parte integral de esta perspectiva es nuestra idea de que la actual marea de transformaciones tecnológicas, aunque importante y poderosa, es, en realidad, una continuación de las oleadas de cambios que han tenido lugar a lo largo de la historia. Mirando, por ejemplo, la historia del automóvil, la televisión o el teléfono -no sólo como artefactos, sino también como instituciones-, vemos profundos beneficios y también importantes costes. Asimismo, contamos con las bendiciones combinadas de las actuales tecnologías emergentes y esperamos que no tengan consecuencias impredecibles, que deberían ser abordadas mediante un diseño reflexivo y un uso adecuado.

Como tecnorrealistas, intentamos expandir el fértil terreno intermedio que existe entre el tecno-utopismo y el neoludismo. Somos "críticos" de la tecnología de la misma forma, y por las mismas razones, que otros lo son con la alimentación, el arte o la literatura. Podemos ser optimistas apasionados respecto a algunas tecnologías y escépticos y despectivos respecto a otras. Sin embargo, nuestro objetivo no es ni abanderar ni despachar la tecnología, sino comprenderla y aplicarla de forma consistente con nuestros valores humanos básicos.

A continuación presentamos algunos principios básicos que ayudarán a explicar lo que es el tecnorrealismo.

Principios del tecnorrealismo

1. Las tecnologías no son neutrales

Un gran error de concepción de nuestros tiempos es la idea de que las tecnologías están completamente libres de inclinaciones o tendencias. Eso es así porque se ven como artefactos inanimados y no promueven ciertos tipos de conductas sobre otros. En realidad, las tecnologías están cargadas de tendencias sociales, políticas y económicas, buscadas y no buscadas. Cada herramienta proporciona a sus usuarios una manera particular de ver el mundo y formas concretas de interactuar con los demás. Es importante para todos nosotros considerar las tendencias de las diferentes tecnologías y buscar aquellas que reflejen nuestros valores y aspiraciones.

2. Internet es revolucionaria, pero no utópica

La Red es una herramienta de comunicación extraordinaria que ofrece una gran variedad de nuevas oportunidades a las personas, las comunidades, las empresas y los gobiernos. Sin embargo, a medida que el ciberespacio se vuelve más habitado, cada vez se parece más a la sociedad en general, en toda su complejidad. Por cada aspecto edificador y benéfico de la vida en línea, habrá también dimensiones que sean maliciosas, perversas y ordinarias.

3. El gobierno tiene un importante papel que jugar en la frontera electrónica

A pesar de lo que afirman algunos, el ciberespacio no es formalmente un lugar o jurisdicción separado de la Tierra. Aunque los gobiernos deben respetar las reglas y las costumbres que se han creado en el ciberespacio y no deben estrangular este nuevo mundo con regulaciones ineficaces o censuras, es absurdo decir que la esfera pública no tiene soberanía alguna sobre lo que hace en línea un ciudadano equivocado o una empresa fraudulenta. Como representante del pueblo y guardián de los valores democráticos, el estado tiene el derecho y la responsabilidad de ayudar a integrar el ciberespacio y la sociedad convencional.

Los estándares tecnológicos y los problemas de privacidad, por ejemplo, son demasiado importantes como para confiarlos al mercado solamente. Las compañías de software tienen poco interés en preservar los estándares abiertos que son esenciales para el funcionamiento de una red realmente interactiva. El mercado alienta la innovación, pero no garantiza necesariamente el interés público.

4. La información no es conocimiento

La información se está moviendo a nuestro alrededor cada vez más rápidamente y su acceso, más barato; los beneficios son evidentes. Dicho eso, la proliferación de datos es también un serio desafío que exige nuevas medidas de disciplina humana y escepticismo. No debemos confundir la emoción de adquirir y distribuir información rápidamente con la tarea, más desalentadora, de convertirla en conocimiento y sabiduría. Independientemente de lo avanzados que puedan llegar a ser nuestros ordenadores, nunca debemos utilizarlos como un sustituto de nuestras capacidades cognitivas básicas para conocer, percibir, razonar y juzgar.

5. Conectar las escuelas no es la salvación

Los problemas que tienen las escuelas públicas de Estados Unidos -financiación desigual, promoción social, excesivo tamaño de las clases, infraestructura en decadencia, ausencia de estándars- no tienen casi nada que ver con la tecnología. En consecuencia, más tecnología no conducirá a la revolución educativa profetizada por el presidente Clinton y otros. El arte de la enseñanza no puede ser replicado por los ordenadores, la Red o la "educación a distancia". Estas herramientas pueden, por supuesto, mejorar la ya elevada calidad de la enseñanza. Pero depender de ellas como si se tratara de una panacea, sería un grave error.

6. La información quiere ser protegida

Es cierto que el ciberespacio y otros desarrollos recientes están desafiando nuestras leyes y estructuras de protección de la propiedad intelectual. Sin embargo, la respuesta no es desechar las leyes y principios existentes. Por el contrario, debemos actualizar las leyes e ideas anticuadas de forma que la información reciba, más o menos, la misma protección que ha venido teniendo en el contexto de los viejos medios de comunicación. El objetivo es el mismo: dar a los autores el control suficiente sobre sus trabajos para que tengan el incentivo de seguir creando, mientras se mantiene el derecho de los ciudadanos a hacer un uso justo de esa información. En ninguno de los dos contextos quiere la información "ser libre". Por el contrario, necesita ser protegida.

7. Las ondas son de la sociedad y esta debe beneficiarse de su uso

La reciente entrega del espectro digital a las compañías de radiodifusión destaca el uso corrupto e ineficaz de los recursos públicos en el terreno de la tecnología. La ciudadanía debe beneficiarse del uso de las frecuencias públicas y retener una parte del espectro para fines educativos, culturales y para facilitar el acceso público. Debemos pedir más uso privado de la propiedad pública.

8. Comprender la tecnología debe ser un componente esencial de la ciudadanía global

En un mundo gobernado por los flujos de información, las interfaces -y el código subyacente- que presentan esa información se están convirtiendo en poderosas fuerzas sociales. Comprender su fortaleza y sus limitaciones, y participar en la creación de mejores herramientas, debería ser una tarea fundamental de un ciudadano comprometido. Estas herramientas afectan a nuestras vidas tanto como las leyes y debemos someterlas a un control democrático similar.


Desde el 12 de marzo de 1998, más de 1.500 personas han firmado estos principios. Aquí está la lista de los firmantes y cómo puedes añadir tu firma.

También puedes contactar con los autores del documento.

La versión original del documento se encuentra en: http://www.technorealism.org/overview.html.



URL del documento: cys.derecho.org/01/tecnorrealismo.html


REGRESAR